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¿Qué pasa si dejo de usar una cuenta de ahorros y no la cancelo?

¿Eres titular de una o varias cuentas de ahorros que no estás usando? Esto puede tener algunas implicaciones que se reflejarán directamente en tu bolsillo y que debes conocer. En este artículo explicaremos lo que ocurre con tu cuenta si dejas de usarla por largos periodos.

Para entender mejor, antes es necesario tener claras las distintas etapas por las que atraviesa una cuenta en desuso, dependiendo del tiempo que lleve sin ser utilizada. Veamos:

Cuentas sin transaccionalidad: Estas son las que no has usado durante varios meses, pero todavía no son consideradas oficialmente como inactivas. Generan los costos fijos de mantenimiento y el rendimiento habituales. Pueden generar penalidad por bajo balance y por no presentar transacciones durante un periodo determinado. Mayores especificaciones están contenidas en su contrato y varían dependiendo de la política aplicada por la entidad financiera para cada tipo de cuenta. 

Cuentas inactivas: Oficialmente, una cuenta se considera inactiva cuando tiene más de tres años sin registrar movimiento, de acuerdo con lo que establece el Reglamento de Cuentas Inactivas.En esta etapa, dejará de generar cargos y comisiones administrativas, pero continuará generando rentabilidad. 

Cuentas abandonadas: Si su cuenta llega a los diez años sin movimiento, será declarada abandonada y el ahorro dejará de generar intereses. La entidad financiera deberá traspasar ese dinero al Banco Central. Durante diez años más tienes la posibilidad de recuperar el ahorro que tengas en la cuenta, pero si llegan a pasar 20 años desde que dejaste de darle uso, el ahorro que hiciste será transferido al fondo de contingencia del Banco Central. A estas alturas ya no es recuperable.

En el sistema financiero dominicano hay miles de cuentas inactivas y abandonadas. En algunos casos los titulares han fallecido, pero buena parte de ellas corresponde a usuarios que dejaron de usarlas de manera voluntaria.

Compartimos estos dos ejemplos de lo que puede ocurrir con las cuentas que no registran ninguna transacción durante un tiempo considerable.

Si el monto es considerable…

Primero, veamos qué pasa si la cuenta en desuso tiene ahorros por un monto considerable. Esta situación puede ocurrir por diversas razones. Por ejemplo,  que empezaste a manejarte con otro banco y decidiste mantener esta cuenta con dinero para solventar cualquier eventualidad. Pero puede ser que la eventualidad no se produzca y pasen algunos meses sin que la cuenta registre movimiento. 

En este caso, la cuenta continuará generando costos fijos por mantenimiento y algo de retorno, puesto que el banco tiene que seguir pagándote los intereses correspondientes por ese ahorro.

Hay que tener presente que la tasa de retorno en cuentas de ahorro generalmente es de un 1% o inferior. Dependiendo del volumen de tu ahorro, es posible que tu ingreso por rentabilidad sea inferior a los costos de mantenimiento de la cuenta. Si esto ocurre, tu balance irá disminuyendo, mes tras mes, de manera sostenida.

Si transcurren tres años desde que la cuenta dejó de registrar transacciones y esta sigue con fondos, será considerada oficialmente como inactiva. En consecuencia, dejará de reportar cargos y comisiones administrativas, pero seguirá generando rentabilidad.

Si llega a los diez años sin movimiento, será declarada abandonada y el ahorro dejará de generar intereses. Posteriormente, la entidad financiera deberá traspasar ese dinero al Banco Central y el titular tendrá que hacer trámites más complejos para recuperarlo.

Si llegan a pasar 20 años desde que cesó el movimiento de la cuenta, el monto que tenga es transferido al fondo de contingencia del Banco Central, creado para garantizar el ahorro de los usuarios en caso de que una entidad de intermediación financiera sea disuelta por quiebra. A este nivel, ya el propietario inicial del ahorro no puede recuperarlo.

Si el balance es muy reducido o cero

En el segundo escenario, supongamos que dejaste de usar tu cuenta porque cambiaste de banco, y la cantidad de dinero que tenías era tan reducida que entendiste que no valía la pena presentarte al banco para su cancelación. Tal vez, ni siquiera tenía dinero, de modo que te olvidaste del asunto.

Error. En este caso, tu cuenta seguirá generando los cargos fijos por mantenimiento establecidos en el tarifario del producto, que suelen ser más altos si está asociado a una tarjeta de débito. Dependiendo del monto que tengas y de la política de la entidad financiera, también se cargará una penalidad por balance inferior al mínimo, un valor establecido en el contrato.

Si se produce esta situación, los cargos consumirán el balance en la cuenta y terminarán generándote una deuda con el banco, debido a que se siguen generando sin que la cuenta tenga recursos para solventarlos. No se sorprenda si un día acude al departamento de Servicio al Cliente de esa entidad y la representante le informa que su cuenta no fue cancelada y tiene un monto determinado pendiente de pagar.

La buena noticia es que estos números rojos, generalmente, no aumentan por tiempo ilimitado. Algunas entidades financieras solo cargan comisiones y penalidades durante los primeros tres o seis meses de inactividad de la cuenta, y  posteriormente, estando en números rojos, producen su cancelación de manera automática.

En algunas entidades, con el cierre de la cuenta, también se cancela la deuda. Pero las políticas pueden variar entre un banco y otro. De modo que, si quieres conocer con mayor exactitud la suerte de  aquella cuenta que abandonaste, lo mejor que puedes hacer es ir al departamento de servicio al cliente de tu banco. Con suerte, no debes nada.

En todo caso, lo ideal es cancelar las cuentas que no vayamos a utilizar, que son siempre nuestra responsabilidad y requieren ciertos cuidados. También está la opción de darles movimiento de rutina, en caso de que interese mantener el producto. Puede hacerse una transacción por la banca electrónica o a través de un cajero automático, por ejemplo, para evitar cargos por falta de uso.

Sobre todo, leer bien el contrato de estos productos y los tarifarios de las entidades, para evitar sorpresas desagradables y costos por pura desinformación.

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